Cómo forjar compromisos efectivos en medio de la incertidumbre

Por Paula Altieri

Si eres líder en una empresa seguramente te resonará que los colaboradores de tu equipo se comprometan a cumplir tareas que les delegaste, pero, llegada la fecha de entrega, el trabajo no está terminado. Y más aún en contextos de cuarentena donde muchos están trabajando desde sus casas: una persona toma una, dos o tres tareas, pero el estrés, la vida personal que se entremezcla con la laboral y la incertidumbre del contexto hacen que los tiempos se trastoquen y, como resultado, hay un cortocircuito entre el pedir y el recibir.

Hablar de compromisos efectivos toma relevancia en esta época en la que notamos frustración del lado de algunos líderes por la falta de delivery. Los equipos, en muchos casos, no están performando en su máxima capacidad porque están sometidos a tanta presión que termina repercutiendo en sus resultados.

En un compromiso hay dos protagonistas: alguien que pide y alguien que hace. Y la responsabilidad de una comunicación asertiva es de ambos. Hoy más que nunca se necesita precisión y ser muy concretos en el qué, cómo y para cuándo, para bajar el margen de error. Porque esas charlas que antes, con la presencialidad, eran más fáciles, hoy trabajando a distancia se vuelven más relevantes: debemos tener bien claros los acuerdos que generamos para que estos pasen a ser compromisos. Para pasar del “yo lo tomo” al “yo me comprometo” y así sentar la base de un término difícil de traducir: accountability.

Los compromisos efectivos son la base del accountability, de ese “puedes contar conmigo”: una parte plantea con claridad el pedido y la otra se hace responsable de su cumplimiento.

Levantar la mano a tiempo

Dijimos que trabajando desde las oficinas los compromisos pueden forjarse más fácilmente. El home office y la gestión de equipos remotos trajo desafíos específicos que los líderes debieron guiar. Para empezar, este contexto trajo una autonomía forzada para los equipos, una característica que puede ser muy buena, pero que también requiere ser desarrollada. Si cuando todos estábamos trabajando juntos era más sencillo para un jefe estar más al tanto de las agendas de cada colaborador y caminar los pasillos, hoy, con esos canales imposibilitados, se demanda mucha más organización individual y comunicación más clara.

A eso se suma el estrés personal que cada empleado puede estar atravesando en su hogar que puede ir desde dificultades para manejar las tareas domésticas o de los hijos, hasta problemas de salud o incertidumbre sobre el futuro.

Todo eso genera que sea cada vez más difícil poder atender varias cosas a la vez y, hoy más que nunca, la confianza se vuelve un requisito básico para funcionar.

Es cierto, entonces, que vamos a atravesar muchas variables y a veces no vamos a llegar a lo que nos hemos comprometido y en los tiempos adecuados. Eso puede pasar y, con compromisos efectivos, logramos que eso no se convierta en un grave problema. ¿Por qué? Porque implican una conversación que permite planificar y mitigar el impacto de lo que puede salir mal. Si trabajamos en esos lazos, vamos a conseguir que nuestros equipos tengan la capacidad de levantar la mano a tiempo para poder recalcular.

Cuando esto pasa lo importante en esta conversación es poder adelantarse a los hechos para buscar la salida menos traumática. Implica, por supuesto, asumir las consecuencias y reparar, lo que, a la vez, genera un nuevo compromiso y así se reinicia un ciclo.

Se trata de un clásico proceso de aprendizaje, porque con cada iteración se aceitan procesos y se reinicia con más y mejores herramientas. El autoconocimiento nutre los compromisos efectivos.

Las cartas sobre la mesa

Para lograr estos resultados no hay que tener miedo a tener conversaciones incómodas y, sobre todo, muy honestas sobre qué puedo y qué no; por qué sí y por qué no, qué gano y qué no…. Siempre cuanto más claros seamos, tendremos diálogos más amables.

Pero, como en todo, estas prácticas no tendrán efecto si no empiezan por las cabezas. Se trata de un ejercicio comunicacional: debemos trabajar con los equipos en generar compromisos y lo vamos a modelar desde el liderazgo, con las agallas para tomar las decisiones que sean necesarias cuando el honrar los compromisos se vuelve un desafío de equipo.

Y por último, debemos recordar que, a fin de cuentas, la gran manta que cubre estas relaciones es la cultura. Si para nuestra cultura organizacional ser responsable es un valor, entonces debemos poner sobre la mesa cómo vamos a hacer para que nuestras prácticas convivan con ese valor que promulgamos. Compromiso y responsabilidad, son dos valores interesantes de ver hoy en día. No solo se trata de hacer lo que nos corresponde sino también de colaborar con otros para que lo logren. Y esto a veces implica apoyar decisiones en las que no estamos 100% de acuerdo, este es el verdadero compromiso. Cuando esto está claro en el equipo, las conversaciones fluyen para que los acuerdos sean más fáciles de cumplir y seamos más felices al hacerlo.

Todos aprendimos en este contexto a ser más flexibles y quizás por eso sea tan importante que podamos ser realistas, honestos y tengamos un registro fino de qué podemos hacer y qué necesitamos del otro. Ser ambiguo en este contexto es un riesgo demasiado alto.

¿Tú qué tipo de conversaciones estás generando en tu organización?

Somos una Consultora especialista en transformación para empresas con enfoque empático de Latinoamérica.

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