Motivación, práctica y feedback: las claves para ser un líder con inteligencia emocional

¿Podemos entrenar nuestra inteligencia emocional? ¡Claro! Desarrollar IE tiene que ver con incorporar nuevos hábitos, lo cual es un trabajo que requiere voluntad y paciencia.

En el día a día de la oficina nos encontramos todo el tiempo con distintos tipos de líderes. Algunos que se destacan mucho por su orientación a resultados, otros por su conocimiento técnico y otros por su gran capacidad en ventas. Pero hay a lgo que notamos que se repite en todas las organizaciones y es que los equipos logran mejores resultados cuando están liderados por personas que tienen una fuerte cuota de lo que llamamos inteligencia emocional (IE).

Aquel que piensa antes de actuar, que se pone en el lugar del otro, o que encuentra las palabras justas a la hora de dar una devolución, es el tipo de líder que requieren hoy las compañías.

Los contextos de crisis y cambios como el que vivimos ahora traen asociado mucho estrés, nervios y promueven una mirada cortoplacista, pero a la vez exigen reaccionar con rapidez. Los líderes están todo el tiempo en tensión y viven en una constante montaña rusa emocional (propia y de sus equipos). Pero lo que vemos es que la inteligencia emocional es lo que marca la diferencia y hace que algunos líderes puedan “surfear la ola” y otros se queden en el intento.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de inteligencia emocional? En palabras de Daniel Goleman, psicólogo e investigador de la Universidad de Harvard y uno de los responsables de poner el tema en agenda hace ya muchos años, tiene que ver con las habilidades personales y no con un aprendizaje meramente académico. Se centra, básicamente, en cómo nos manejamos a nosotros mismos y a nuestras relaciones.

Por supuesto, liderar equipos nunca fue tarea sencilla, pero en este contexto de pandemia que vivimos el reto se volvió aún más desafiante. Sin embargo, y lejos de ser un cliché, lo que nos parece un túnel sin salida puede ser, en realidad, el camino hacia una nueva oportunidad si logramos ajustar nuestro mindset de liderazgo.

Los desafíos para un Gerente, Director o Encargado de área pueden ser varios. Desde gestionar equipos a distancia, manteniendo la motivación y el entusiasmo en un contexto de crisis, hasta aprender a delegar o integrar a nuevos empleados cuando todos están trabajando desde sus casas. Todos estos escenarios nos provocan distintas emociones tanto a nosotros como a nuestros equipos, y estamos gestionándolas pantalla de por medio. Como líderes es importante que podamos identificarlas para así aprovechar cada una de ellas para cultivar la productividad y las relaciones positivas.

Desde lo discursivo, suena todo muy lindo. Pero, ¿podemos trabajar para ser más emocionalmente inteligentes? ¡Por supuesto! Así como hace un tiempo se discutía si un líder “nace o se hace”, la misma discusión se daba con la inteligencia emocional. La conclusión a la que se llegó es que se dan ambas cosas: por un lado es claro que genéticamente tenemos un componente que promueve la inteligencia emocional y a su vez la forma de crianza y educación que recibimos también influye muchísimo. Por otro, la investigación ha demostrado que la IE se puede desarrollar. ¿Cómo? Motivación, práctica y feedback. Desarrollar IE tiene que ver con incorporar nuevos hábitos, lo cual es un trabajo que requiere voluntad y paciencia.

En Veril Consultores no creemos en soluciones mágicas. Creemos en lograr resultados duraderos a partir del esfuerzo y la perseverancia. ¿Cómo trabajamos la IE? Primero facilitando un proceso de “darse cuenta” en el que la persona evidencia la necesidad de mejorar en este aspecto. Recién ahí podemos empezar a trabajarlo a partir de experiencias vivenciales en las que ponemos en juego la motivación, la práctica y el feedback. La IE se aprende “siendo” y con paciencia y las herramientas correctas estamos convencidos que todos podemos ser más inteligentes emocionalmente (y por supuesto, conseguir mejores resultados).

Ser un líder con inteligencia emocional implica mucho más que ser sociable o simpático. Hay varios elementos más que definen a este tipo de líderes como logros, influencia, manejo de conflictos, trabajo en equipo y liderazgo inspirador. Para sobresalir, debemos desarrollar un equilibrio de fortalezas en el conjunto de competencias de la inteligencia emocional. Cuando lo hacen, dice la teoría, se ve reflejado en los resultados de su negocio.

Muchas veces estas habilidades resultan más importantes que el coeficiente intelectual, porque cuando se trata de liderar, los conocimientos técnicos se dan por sentado. La verdadera diferencia se ve si somos capaces de guiar a nuestros equipos poniéndonos en el lugar del otro, fomentando el trabajo en grupo, inspirando, adaptándose al contexto, con una mirada positiva o sabiendo manejar conflictos.

Por supuesto, todos atravesamos diferentes emociones, y en el ámbito laboral también. Puede ser que tengamos envidia de un colega, que nos irrite un cambio que plantea el directorio de la empresa o que nuestro jefe tome una decisión que nos enoje. La inteligencia emocional no anula esos sentimientos. Pero quien es emocionalmente inteligente logra darse cuenta de que cada emoción tiene su lugar. Tener inteligencia emocional es, principalmente, escuchar qué te dicen las emociones y asegurarse de que puedes manejarlo.

Reprimir eso que nos pasa en el trabajo, entonces, no es la solución. No podemos controlar lo que sentimos, pero sí aquello que hacemos con los que nos genera una situación. El diferencial de los líderes emocionalmente inteligentes está en que pueden tomar esas emociones y elegir cómo actuar en consecuencia.

Cuando nos empoderamos para tomar nuestras propias decisiones sobre nuestro comportamiento y nuestras reacciones, podemos lograr ignorar los pensamientos y emociones negativas y sobreponer cualquier obstáculo.

Y tú, ¿cómo te llevas con tus emociones? ¿Eres capaz de identificarlas y manejarlas? ¿Cómo piensas que repercuten en tus equipos?

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